jueves, 9 de julio de 2015

¿Qué hacer si tu hijo se quiere vestir de princesa?




Hijos de Seth Menachem vestidos con disfraces de Disney (Foto: Seth Menachem)

Cuando los padres de Luis no estaban en casa, el pequeño de 7 años se vestía con los disfraces de su hermana. La primera vez que la mamá lo vio, se asustó y pensó: "A mi hijo le gusta vestirse como mujer".
Luis, cuyo nombre no revelamos para proteger su privacidad, vive en Colombia con sus padres y su hermana que es un año mayor.
Otro caso es el de Asher, quien tiene tres años y vive en Estados Unidos. Tiene una hermana dos años mayor, a quien admira y cuya influencia en él es obvia.
"La primera vez que Asher escogió un vestido, tenía dos años", le cuenta a BBC Mundo su padre, el actor y escritor Seth Menachem.
Aunque en una oportunidad intentó presionarlo para que se pusiera "ropa de niños", sintió que no estaba haciendo lo correcto. Ese día en particular -recuerda- Asher se empecinó tanto con ponerse un vestido que se dio cuenta que su enfoque era errado. "Me disculpé con él y lo ayudé a ponérselo (...) Me preocupan más sus sentimientos que los míos".
También en Estados Unidos, Cheryl Kilodavis se inspiró en su hijo para escribir el libro ilustrado My Princess Boy ("Mi niño princesa"), publicado en 2009.
"Soy un niño princesa y me encanta ponerme vestidos y amo los colores rosado y rojo", le dijo el pequeño de cinco años (en 2011) a la cadena NBC.
La primera reacción de su madre ante sus gustos fue (como lo manifestó a NBC): "reencauzarlo para que jugara con un camión o para que leyera ciertos libros" y cuando Dyson le dijo que quería vestirse de princesa para Halloween, se resistió.
Pero fue su hijo mayor el que con una pregunta le sugirió que quien estaba teniendo un problema con la situación era ella y no su hermano.
La pregunta clave fue: "Mamá ¿por qué no puedes simplemente dejarlo ser feliz?"

Protección




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La hermana de Asher, Sydney, es una clara influencia en el niño (Foto: Seth Menachem).

"Después se convirtió en algo que quería vestir todos los días", señala Menachem en una entrevista por correo electrónico con BBC Mundo. Sus trajes incluían disfraces de princesas de Disney.
"Recuerdo haber tenido un poco de dudas, pero provenían de querer proteger a mi hijo de cualquier persona que quisiera acosarlo. Decidí que lo ayudaría más si no reprimía su expresión creativa por mis temores posiblemente injustificados. No busqué ayuda profesional porque no tengo ningún problema con mi decisión de dejarle ponerse un vestido. Es una prenda de vestir como cualquier otra. Ocasionalmente mi hija viste jeans y todavía nadie me ha preguntado si es travesti", le dice a BBC Mundo.
"Estoy estudiando en la Universidad Antioch de Los Ángeles un master en Psicología Clínica, con una especialización en desarrollo de niños y adolescentes. He visto muchas formas en las que los padres pueden ser dañinos para el desarrollo de sus hijos".
Dejarlos ponerse vestidos no es una de ellas, asegura.
El día que quiso disuadir a su hijo, Menachem recuerda que se preparaban para ir a una fiesta y no se sentía con ganas de lidiar con "gente preguntándome toneladas de cosas" o de ver que "juzgaran a mi hijo".
"Generalmente mis amigos y familiares me muestran su apoyo. He encontrado algún conocido para quien la situación le puede parecer extraña, pero es su problema, no el nuestro. Algunos han admitido que sería duro para ellos si su hijo quisiera usar un vestido. Y otros desearían poder tener las agallas y hacerlo ellos mismos. Es una pieza muy cómoda para vestir", señala.

Libertad


Menachem le dice a BBC Mundo que su misión es criar a sus hijos con amor, alegría, límites y una guía moral. Para él, el que su hijo se quiera vestir con vestidos no es una cuestión moral.

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“Asher no volvió a usar vestidos diariamente. Ahora lo hace una o dos veces a la semana”, cuenta su padre (Foto: Seth Menachem).

"Por eso no hay razón para que los padres sofoquen la creatividad y la libertad de sus hijos cuando se hace de una manera sana. Tristemente, a lo largo de sus vidas su creatividad la truncarán muchas veces. Déjenlos que disfruten esos momentos. Quizás sus hijos disfrutan cuando juegan a disfrazarse. Quizás quieren probar una nueva identidad. Pero no es usted quien lo debe definir".
"Un niño o niña gay o transgénero no cambiará su mente porque los padres les digan que no les gusta quiénes son. Y a un niño que quiere jugar a disfrazarse o probar creativamente diferentes tipos de trajes y maneras de vestir, no se le enseña ninguna lección saludable si se le define estrictamente lo que es permitido para niñas versus lo que es permitido para niños" reflexiona Menachem.
En su ensayo My Son Wears Dresses and That's OK With Me ("Mi hijo se pone vestidos y para mí está bien"), Menachem escribió: "Si mi hijo es gay, que así sea. Quizás lo es. Quizás no lo es. Quizás será travesti. Quizás no. No tengo control sobre nada de eso. Todo lo que puedo hacer es ser comprensivo".
Asher no volvió a usar vestidos diariamente, como se puede ver en la variedad de fotos que su padre publica en su cuenta de Instagram. Ahora lo hace una o dos veces a la semana.
"A veces pasa una parte del día con un vestido y la otra parte como el Increíble Hulk. En otras ocasiones, se pone sus zapatos brillantes de Toms con una camisa de motocicleta y en otras, se pone un vestido teñido y una máscara del Hombre Araña. Es ropa. A todos nosotros nos gusta vestir diferente tipo de ropa para expresarnos o para sentirnos cómodos".
"Pienso que la molestia que sienten los padres por la ropa que se ponen sus hijos generalmente refleja sus propias inseguridades o temores. Yo espero transmitirles a mis hijos un sentido de lo que es correcto e incorrecto, amor por la vida y por aprender y empatía por los demás. El resto depende de ellos", le indica a BBC Mundo.

Pataletas


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En una ocasión, la hija de Menachem le pidió que se pusiera un vestido para jugar. Él le dijo: “No”. Pero ella insistió. “La gente se va a reír de mí”, él replicó y ella le respondió: “Si lo hacen, les diré que se pierdan”. Su respuesta lo desarmó y aquí está la muestra (Foto: Seth Menachem).

La historia de Luis se la contó a BBC Mundo la psicóloga y especialista en terapia familiar sistémica María Esther Revelo, quien orientó a sus padres en el proceso de entender a su hijo.
Sus padres lo sorprendían vestido con los disfraces de su hermana en las tardes, después de regresar del colegio, a donde debe ir con uniforme.
"Cuando la mamá o el papá llegaban de hacer alguna vuelta, lo encontraban disfrazado con este tipo de ropa.Inmediatamente, se volcaban contra el niño: '¿Por qué estás vestido así?''¡Cámbiate!'", relata Revelo.
"Los fines de semana, se negaba a vestirse. La mamá le elegía la ropa (de niño) y él no se la quería poner. Si tenía la invitación al cumpleaños de un amiguito, la mamá le decía: 'Esta es la ropa que te vas a poner', pero él se negaba y se armaban tremendas pataletas hasta que lograban que se vistiera y luego (el problema era) que saliera de buen ánimo. Llegaba a la fiesta muy mal y la pasaba muy mal porque no iba vestido como él quería. No se sentía cómodo".
Sus padres pidieron la orientación de Revelo porque les preocupaba la posibilidad de que su hijo tuviera inclinaciones sexuales diferentes a las de su género y que le gustara vestirse "como mujer".
"Él no creía que estuviera haciendo algo malo (…) Pero al escuchar: 'Eso no lo debes hacer', sentía que estaba actuando contra algo y crear ese temor en el niño nos iba a llevar quizás a un comportamiento inadecuado. Hasta el momento todo se trataba de la simple elección de un vestido, nada más".

Entrar en su mundo


Para Revelo era fundamental no sólo escuchar al niño sino a los padres.

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De acuerdo con Revelo, es muy importante que los padres traten de entrar en el mundo de fantasía que sus hijos construyen.

"Primero procedimos con el niño. Era muy fácil dialogar con él. Me funcionó muy bien entrar en ese mundo de fantasía que estaba alimentando a través de los vestidos femeninos. Eso me permitió orientar a sus papás", señala la especialista.
"Descubrimos que el niño tenía una inclinación por la estimulación sensorial que ese vestuario producía en él, tanto desde la perspectiva táctil por las texturas sedosas y suaves de los disfraces, como desde la perspectiva visual, pues le gustaban los colores brillantes y fuertes".
Su fascinación por los disfraces de niñas terminó siendo no solo una inclinación estética y artística, sino una opción mucho más cómoda.
"Indagué y me dijo que los pantalones le molestaban mucho en sus piernas y que era más agradable vestirse con los disfraces de la hermanita". De hecho se sentía bien cuando usaba shorts.
"A lo largo del año escolar, en un periodo de nueve meses, pudimos notar cambios. Su interés (en vestir disfraces de niñas) lo fue modificando lentamente y empezó a inclinarse por ropa más parecida a la que estaban usando sus iguales", señala Revelo.
A Luis, cuyo comportamiento social es descrito por la psicóloga como "supremamente normal", le siguen fascinando los colores fuertes.

Temores paternales


De acuerdo con Revelo, el temor de los padres de Luis es compartido por muchas familias.

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"Aprender jugando" esa es la filosofía de varios jardines infantiles y los disfraces son excelentes herramientas.

"Es un tema más social, más cultural. Son pautas de vida que se tejen en cada familia. Está bien que se vista de Batman o de Superman, eso está aprobado, pero que se quiera vestir de Blanca Nieves, no estaba bien. Ahí empieza la burla. La mamá de entrada descalifica y dice que esa no es ropa para un niño sino para una niña y que se tiene que vestir como un niño", indica la psicóloga.
"Es un trabajo importante que tenemos que hacer como papás y como adultos: liberarnos de prejuicios. Pero ante todo tenemos que sobreponer el amor y la capacidad contención en las situaciones que se presentan en las vidas de nuestros hijos".
"Es muy importante para un papá entender cuál es su temor exactamente. ¿Homofobia? ¿Una dificultad sexual personal que no ha brotado? Mirar hacia adentro ayuda mucho. Entenderse a sí mismo libera: ¿dónde están nuestros temores?, quizás encontremos cosas muy interesantes que no hemos resuelto de nuestra propia historia".
Tras trabajar los miedos de los padres de Luis y sugerirles dialogar con él, Revelo vio un cambio notable en la situación familiar.
"Liberado ese prejuicio, el niño se pudo sentir mejor. Es que no había una conducta anormal que tuviéramos que tratar o trabajar. No había razones para intervenir. Era una conducta que solo había que observar y acompañar. Así fue cómo los padres consiguieron comprender a su hijo".

En las escuelas


My Princess Boy es un libro que, de acuerdo con la editorial Simon & Schuster, cuenta la historia de "una familia extraordinaria".

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El libro, que fue un best seller en EE.UU., es sobre un niño de cuatro años que "expresa felizmente su auténtico yo" con cosas "tradicionales de niñas".

"A Dyson le encanta el color rosado y las cosas brillantes. Algunas veces viste vestidos y algunas veces viste jeans. Le gusta ponerse su tiara de princesa, incluso cuando se trepa en los árboles.Él es un Niño Princesa y su familia lo ama exactamente como es. Esta es una historia de amor y aceptación. También es un llamado a la tolerancia y al fin del acoso y los juicios".
A la luz de su propia experiencia Kilodavis inició una campaña en Estados Unidos enfocada en docentes para promover la aceptación de las particularidades de cada niño. "Es hora de reivindicar las diferencias y con suerte aprenderemos a aceptar a aquellos que se sienten diferentes", dijo en una conferencia de TedTalks.
Desde España, Pilar Roldán, directora de la escuela infantil Osobuco, le dijo a BBC Mundo que hay que dejar que los niños se pongan lo que quieran y jueguen con lo que quieran sin ponerles etiquetas.
"A esas edades no le damos importancia a cómo se quieren vestir o con qué quieren jugar. Quizás algún niño juega con muñecas y cocinas y no por eso nos vamos a preocupar o le vamos a decir algo", señala. "Claro que ponemos límites y (enseñamos) valores, pero nuestra filosofía es que el niño esté feliz y que aprenda jugando (...) Lo importante es que sea feliz sea cual sea su identificación sexual".

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A muchas niñas también les gusta jugar con juguetes categorizados como "de niños" y disfrazarse de superhéroes.

En Chile, la directora del Jardín Infantil La Calabaza, Verónica Sapag, considera que la edad es clave.
"No es lo mismo que un niño de cinco, seis, siete, ocho años o más grande quiera vestirse de princesa que un niño de dos años quiera hacerlo", indica en conversación con BBC Mundo.
"Alrededor de los dos años están recién en un proceso de tipificación sexual, es decir, están distinguiendo su género. Es normal y es de esperar que un niño quiera jugar con una muñeca o vestirse de princesa o, al revés, que una niña quiera jugar con autos y vestirse de superhéroe".
Para Sapag hay que estar atentos cuando los niños empiezan a rechazar todo lo que está relacionado con su género o a manifestar angustia o sufrimiento cada vez que tengan que hacer algo propio de su género. "Uno podría inferir que el niño no se siente feliz siendo lo que es".
Sin embargo, aclara que el hecho de que un niño de cinco o seis años quiera vestirse de princesa puede tener diferentes explicaciones y no necesariamente es algo relacionado con un conflicto de género.
Por eso insiste, al igual que Roldán, que en un comienzo hay que dejarlos que exploren, jueguen y descubran.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Mejor prevenir que curar


Está llegando el invierno y con él las enfermedades de los niños. Comienza la época de frío, resfríos y tos. Es por esto que los doctores recomiendan que en este tiempo del año es mejor prevenir que curar.

En los niños las enfermedades más frecuentes en invierno son las de tipo respiratorio de las cuales la mayoría son provocadas por virus y afectan al sistema respiratorio. Aquí podemos encontrar desde simples resfríos hasta enfermedades más graves como neumonitis y las enfermedades bronco-pulmonar. Sin embargo casi todas estas enfermedades comienzan con síntomas similares al de un resfrío.

Lamentablemente no se han encontrado fármacos que prevengan las enfermedades respiratorias virales y las medidas que se pueden tomar son más bien paliativas. La única vacuna que existe es la de la Influenza.

Enfermedades más comunes

Resfriado: Sus síntomas son leves y pueden incluir tos, congestión nasal, temperatura moderada, estornudos y en algunos casos dolor de oído y decaimiento. Su contagio es muy fácil y es por eso que es la enfermedad más común en invierno.

Gripe o Influenza: Es de las enfermedades más contagiosas y severas. Puede derivar fácilmente en infecciones respiratorias agudas como la bronquitis y neumonía. Sus síntomas iniciales son parecidos al resfrío. Se caracterizan por fiebre alta, compromiso respiratorio, congestión nasal, congestión de oídos y decaimiento mayor, sensación de ahogo y malestar general. 
Este tipo de enfermedad es altamente contagiosa. Se trasmite a través de las gotas de saliva diseminadas en el aire al hablar, toser o estornudar, y a través de las manos u objetos contaminados con el virus.
Hay que recordar que la vacuna se puede aplicar sólo a mayores de seis meses y sirve para prevenir y no para tratar la enfermedad ya declarada. Tampoco protege contra el resfriado.
Si el niño ya contrajo la enfermedad las medidas que hay que tomar son: reposo, mucho líquido y llevarlo a una consulta con su doctor.

Virus respiratorio Sincicial: Se manifiesta principalmente en menores de un año y es el principal responsable de enfermedades como la bronquitis obstructiva o la neumonitis. Sus síntomas son: tos incontrolable con secreción, obstrucción, ahogo, falta de oxigenación, diarrea con deshidratación, silbido en el pecho y compromiso general.
Esta enfermedad se puede tratar con inhaladores con broncodilatadores y oxígeno.

Laringitis: Es la zona más angosta de la vía respiratoria. Su inflamación (específicamente en las cuerdas vocales) puede provocar una obstrucción impidiendo el paso del aire hacia los pulmones.
Sus síntomas son parecidos al del resfrío junto con “tos de perro”, afonía y dificultades para respirar por la falta de oxígeno.
Faringitis: Es la inflamación de la zona de la garganta entre las amígdalas y la laringe y se manifiesta con irritación en la garganta, inflamación en los ganglios linfáticos, dolor al tragar, fiebre, congestión nasal purulenta, dolor facial, dolor de cabeza y ciertas articulaciones.

Otitis: Es una de las complicaciones más comunes de la Influenza y afecta principalmente a lactantes y menores de tres años. Sus síntomas no son tan visibles y para las guaguas o preescolares es difícil expresar la dolencia.
Para detectarla es clave ver la irritabilidad al tocarse la oreja. Puede presentar fiebre, nauseas, vómitos, dolor de cabeza, diarrea y somnolencia.

Algunos factores asociados al incremento de enfermedades de invierno son:

Contaminación en el hogar: Se produce por los distintos tipos de calefacción (parafina, leña, carbón) y se agrava por la falta de ventilación de las habitaciones y otros lugares cerrados.
No fume en el hogar.

Hacinamiento: La permanencia por el frío en ambientes cerrados facilita el contacto con personas enfermas o infectadas asintomáticamente.

Humedad: Filtraciones, goteras, teteras encima de las estufas, secado de ropa al interior de la casa o vapores de cocinas mal ventiladas contribuyen a mantener humedad dentro de la casa. Esto aumenta el riego de enfriamiento y provoca cambios bruscos de temperatura al salir al exterior.

Contaminación ambiental: Aumenta en los meses de invierno y es un factor que no se puede controlar. Este tipo de contaminación afecta principalmente a lactantes y niños pequeños.

Algunos consejos para prevenir estos factores

  1. Ventile diariamente
  2. Si el niño está enfermo no lo mande al Jardín o la sala cuna
  3. Utilice preferentemente estufas a gas o eléctricas. En el caso de las estufas a parafina, haga mantención de ellas una vez al año, enciéndalas y apáguelas en el exterior, no las deje encendidas en la noche y trate de dejar una ventana entreabierta para que salgan los gases
  4. Evite fumar dentro de su casa
  5. Tape las filtraciones del techo, paredes, puertas y ventas. Además limpie las canaletas y caídas de agua
  6. Trate de no hervir teteras encima de estufas. Mantenga cerrada y ventilada la cocina mientras prepare alimentos que produzcan vapor
  7. Evite aglomeraciones en ambientes cerrados
  8. Evite el exceso de abrigo en ambientes cerrados o la falta de éste en el exterior.
  9. No encienda chimeneas
  10. Riegue la vereda antes de barrerla para evitar levantar polvo
  11. Si en su casa hay un enfermo con gripe, lave bien sus manos después del contacto con éste


jueves, 7 de marzo de 2013

¿Cómo enfrentar las primeras semanas de clases?


El Jardín Infantil tiene algunas metas, como por ejemplo, darle al niño un sentido de independencia fuera de la casa, enseñarles a relacionarse con otros niños y animarlos a interactuar con otros adultos fuera de su familia. Un buen Jardín ofrece nuevas experiencias fuera de la casa y la oportunidad de aprender junto a un grupo de otros niños.  Además de esto, el Jardín debiera mejorar el desarrollo, la confianza en sí mismo y la auto regulación del niño.

Es importante que los niños asistan al Jardín ya que el ingreso a éste favorece el desarrollo temprano de capacidades y potencialidades humanas básicas y facilita el logro del aprendizajes significativos que tendrán a futuro.

Teniendo en consideración esto, se puede percibir en los niños ansiedad con los primeros días de clases. Es muy probable que muchos niños lloren a la hora de dejarlos en el Jardín. Esta primera experiencia es muy importante ya que la disposición y actitud de los niños durante los primeros días de clases está determinada por distintos factores como su personalidad y el carisma de los mismos profesores. Pero además uno de los factores más importante es la actitud de los padres y el apoyo que le entreguen a su hijo en estas primeras semanas de adaptación. Siempre es bueno contarles a los niños por qué comenzarán a ir al Jardín y familiarizarlos con lo que eso significa.

Durante los primeros días de clases es importante que los padres acompañen un tiempo a los niños en su sala de clases, que jueguen con ellos y traten de involucrar a otros compañeros para generar confianza. También se recomienda que las primeras semanas el niño asista sólo un rato al Jardín para ir así aumentando paulatinamente el tiempo de permanencia en el lugar. Los padres también deben mantener una comunicación constante con la profesora y contarles cuáles son los gustos del niño.

La JUNJI (Junta Nacional de Jardines Infantiles) entrega consejos a los padres para sobrellevar estas primeras semanas de clases:

1.- Cómo ir vestido: Vestir al niño con ropa cómoda y que sea de su agrado. Es importante que los pantalones o delantales no tengan la basta muy larga para evitar caídas. Además hay que preocuparse que los botones estén bien cosidos para evitar que se los arranquen y traguen.

2. Angustia y pena: Cada niño tiene su propio ritmo de adaptación al Jardín. En caso de que el niño tenga pena o llore la recomendación es acogerlo y empatizar con sus sentimientos. Eso le dará tranquilidad. También los padres deben contener su propia angustia frente a los niños, ya que son los responsables de ayudar a sus hijos a regular su ansiedad y pena.

3. Prepararlo: Para que el niño esté preparado se le debe contar que comenzará una nueva experiencia que es ir al Jardín Infantil, donde conocerá nuevos amigos.

4. Acompañarlo: Para darle seguridad se puede dejar que el niño lleve un objeto con el que tenga un vínculo afectivo, como por ejemplo, su juguete favorito o su tuto. También se puede acompañar al niño durante un tiempo no muy largo y despedirse explicando que volverá a buscarlo más tarde, después de una acción concreta como después del almuerzo o la leche.

5. Saludar al personal: También es recomendable generar un vínculo cercano con el personal del Jardín y llamarlos a todos por sus nombres, saludándolos con una actitud positiva y alegre, siendo un modelo para su hijo. Además luego de la jornada se puede hacer una actividad que sea satisfactoria para padres e hijos para darles estabilidad en los primeros días.

6. Conocer alergias: Otro punto importante es informar a las educadoras si el niño es alérgico a alimentos o medicamentos. Además si el niño está con algún tratamiento se debe llevar los medicamentos en la caja y con la receta médica.

Con respecto a los padres, es importante que ellos sepan que pueden ir al Jardín y observar a su hijo en cualquier momento. Además deben ver cómo son los horarios y quienes supervisan a los niños. Los padres tienen que saber qué pasa si es que ellos llegan atrasados a buscar a sus hijos, cómo educan a los niños con relación a ir al baño, cómo manejan los accidentes en el Jardín y qué esperan que los niños lleven al Jardín con respecto a las colaciones.

En esta etapa lo más importante es que los padres entreguen todo su apoyo y contención a sus hijos para que ellos se sientan tranquilos y confiados en esta nueva experiencia.